Vigorexia:
Algo más que simple deporte
Sección: Periodismo Libre
Por
Carlos Alonso M. / Universidad Alberto Hurtado
06/07/2006
Son personas que pasan largas horas entrenando en los gimnasios. Capaces de dejar de lado cualquier actividad como el trabajo, el estudio o el simple hecho de compartir con la familia. Nunca están conformes con su físico y se encuentran siempre delgados. Es una enfermedad mental que se asocia a la bulimia y a la anorexia. Su característica esencial es la baja autoestima. Y en muchos casos, para aumentar su musculatura, llegan a consumir drogas deportivas, como los anabólicos.
“¿Cuánto de bíceps y de tríceps tendré? . ¡Estoy muy delgado aún, debo seguir haciendo más y más pesas!. ¡Esta semana iré al gimnasio todas las tardes!. Pero para eso, inventaré una excusa en el trabajo y así salir más temprano”. De ese modo piensan las personas que padecen de vigorexia. Estos son individuos que se preocupan de manera excesiva por su físico dejando de lado cualquier actividad, priorizando solamente el entrenamiento.
Aunque el término no es muy conocido, sí lo es en el ámbito de los gimnasios. Son sujetos que buscan prototipos voluminosos, como los modelos o actores. Están siempre preocupados por su apariencia y por cómo los ven los demás. Son personas adictas al ejercicio, pero solamente enfocado en las pesas y máquinas para aumentar su masa muscular.
El término vigorexia fue acuñado hace once años por el médico estadounidense Harrinson G. Pope del Hospital Mclean de Belmont, luego de realizar un estudio con 9 millones de norteamericanos que son asiduos visitantes de los gimnasios. Según los datos analizados, cerca de un millón de personas podrían estar afectados por un desorden emocional que les impide verse cómo realmente son. Aunque el término aún no está reconocido por la unidad médica internacional como una enfermedad, muchos ya la catalogan como tal.
Según la psicóloga de la Universidad Diego Portales Alicia Romero, "en Estados Unidos hace dos años se hizo una investigación que arrojó que más del 60 % de las personas que asisten a un gimnasio sufren de alguna patología. Y se debe a que el gimnasio es una rutina que es muy aburrida".
En Chile no hay una fecha exacta para determinar cuando se comenzó a conocer esta adicción a los músculos. Para el profesor de Educación Física del gimnasio de la Policía de Investigaciones y del Liceo Manuel de Salas, José Chio, fue en la primera mitad de los años ‘90 cuando se empezaron a dar los primeros indicios sobre la vigorexia.
"Ahora se ha intensificado el conocimiento del término producto de la masificación que están teniendo los gimnasios, ya que se encuentran en todas partes, en los centros comerciales, en las universidades. Ha pasado a ser parte de la cultura del país", precisó Alicia Romero.
Para el preparador físico del Gimnasio Pacific ubicado en Manuel Rodríguez con Agustinas, Leonardo Martínez, el conocimiento del término vigorexia se comienza a saber de manera interna primero en los gimnasios.
La vigorexia entra en el rango de las llamadas enfermedades sociales, donde además se encuentra la bulimia y la anorexia. La diferencia entre ellas es que en la vigorexia las personas se encuentran siempre delgadas y van a querer aumentar su físico. En cambio, en las otras, es todo al revés. Se ven siempre gordos y buscarán cualquier método para adelgazar.
Las características de estas personas radica, especialmente, en su dedicación excesiva al gimnasio, pasan entre 3 a 5 horas diarias entrenando, siendo lo normal para un trabajo bien hecho, según Leonardo Martínez, una hora y treinta minutos. Además, al momento de hacer los ejercicios se están mirando constantemente al espejo y así ver reflejado el fruto de su trabajo, aunque nunca llegan a estar completamente conformes.
"Estas personas deben ser muy perseverantes, pues el tipo de ejercicios que hacen es muy aburrido" comentó Ramón Rojas, profesor de la Escuela de Educación Física de la Universidad Católica Silva Henríquez.
Otra de las características que distingue a estos personajes la explicó el profesor Rojas: "Su trabajo es segmentado, es decir, un día ejercitan sólo brazos como los bíceps, tríceps y pectorales y otro día sólo piernas".
La psicóloga Alicia Romero agregó que los ejercicios de estas personas se distinguen por darle una gran cantidad de kilos a sus pesas, pero con una baja cantidad de repeticiones.
"Es una enfermedad netamente psicológica que se asocia a las personas que tienen una baja autoestima y una forma de superar ese problema es aumentando su físico", indicó Chio.
Esta opinión es compartida por Romero, quien aclaró que estos sujetos son también retraídos e introvertidos. Por eso empiezan a frecuentar los gimnasios y a darle otras dimensiones a su cuerpo, lo cual derivará en una mayor aceptación de su círculo de amistades y a sentirse más seguros al momento de integrarse en un grupo.
Una segunda característica psicológica que señaló Romero es que "el sujeto vigoréxico sufre de narcisismo. Es muy ególatra y cree que el mundo gira en torno a él. Comienzan a sentirse lindos y que son poderosos ante los demás por lo abultado de su cuerpo". Además, "desde el punto de vista intelectual son más bien bajos y sus temas de conversación no varían más allá del gimnasio, pero por su físico comienzan a ser más respetados, a estar más integrados con el mundo exterior”.
Para la psicóloga la edad de inicio coincide con la llegada de la adolescencia en los hombres, pues es aquí donde hay una mayor preocupación por verse mejor y estar atractivo para el sexo opuesto.
Martínez es más enfático en señalar que esta adicción se da entre los 16 y 25 años y se debe a que a esa edad los jóvenes tienen más contacto con otras personas. Asimismo, se presenta principalmente en los hombres, pues las mujeres tienen otros cánones de belleza.
"Estas personas creen que si no tienen un buen físico no pueden salir a la calle, no pueden conocer gente ni establecer relaciones con los demás", comentó Martínez. Son personas solitarias que en el gimnasio encuentran un lugar donde se sienten bien y se refugian allí.
Otro factor importante es que debido a la globalización de las comunicaciones, los cánones de belleza que las personas perciben y aspiran son totalmente desproporcionadas con la realidad. Son prototipos que están fuera de toda norma y de estándares comunes y corrientes.
Cómo reconocer el problema
Los vigoréxicos nunca reconocen que tienen los síntomas. "Se miran al espejo y se encuentran siempre delgados, enclenques. Si tú les preguntas a ellos cómo se encuentran con su físico, siempre te responderán que mal", sentenció Martínez.
Romero plantea que para identificar a un vigoréxico se debe tomar en cuenta la función de los profesores de educación física, pues ellos son los primeros que pueden captar los síntomas. Sin embargo, no lo hacen.
Tanto Chio como Martínez coinciden en que para saber bien si una persona sufre de vigorexia se debe conversar con ella. Saber qué le está pasando, porqué asiste tanto al gimnasio y así empezar ahondar en las razones que lo llevan a ésto. Si bien se puede presumir que ciertos físicos y comportamientos se asemejan a los de un vigoréxico, es necesario el diálogo para estar completamente seguro que sí lo son.
"Los vigoréxicos no se hacen de la noche a la mañana, son personas que llevan por lo menos un año asistiendo periódicamente al gimnasio. Ahí comienzan a tener cambios, sin embargo, ellos no lo notan y empiezan a buscar más métodos para sentirse mejor con su cuerpo", señaló Leonardo Martínez.
Cuando el ejercicio se trasforma en peligroso
El punto límite entre una persona que frecuenta habitualmente un gimnasio y otra que ya comienza a tener las características de un vigoréxico extremo radica, principalmente, cuando se empieza a consumir drogas deportivas y suplementos alimenticios. Entre éstos, los más solicitados son los derivados de testosterona y los anabólicos.
Si bien una persona que asiste periódicamente al gimnasio sin consumir ningún tipo de drogas también puede entrar en el círculo de los vigoréxicos, lo que los identifica mayoritariamente es el consumo de drogas, pues es difícil que se logre tener físicos extremadamente voluminosos solamente entrenando, comentó Ramón Rojas.
Para José Chio esto se debe a que los vigoréxicos llegan a un momento en que ven que su cuerpo comienza a estancarse y deciden consumir este tipo de sustancias para lograr una mejor musculatura.
Las consecuencias son variadas, como daños hepáticos y renales. Además de diversos trastornos en los testículos como atrofias, impotencia, infertilidad, cáncer testicular y prostático.
A esto deben sumarse las lesiones físicas producto de la sobrecarga de ejercicios y los problemas en el ámbito social.
Las razones de este problema, según las y los expertos, se basan principalmente en el aumento que ha experimentado el mercado de los gimnasios, pues todos coinciden que desde la década de los noventa este rubro ha crecido de manera considerable sin una mayor fiscalización.
"Nadie se preocupa de ver si todos los gimnasios cumplen de buena forma, teniendo las personas capacitadas para el cuidado de los que asisten", argumentó el profesor Chio y agregó que "el Ministerio de Salud es el encargado de fiscalizar los gimnasios, y sólo piden que haya unas seis duchas, más unos baños para hombres y mujeres, nada más". Incluso, afirmó que en muchos gimnasios no hay profesionales a cargo. "Uno está trabajado con vidas y nadie fiscaliza nada", concluyó.
"Yo creo que los profesores deben estar muy preparados para tratar con estas personas”, reflexionó Alicia Romero. Además los gimnasios, al ser un negocio, no van a desperdiciar a un cliente, sin embargo, deberían velar por la salud de los que asisten a esos lugares, explicó.
Para el profesional de la Universidad Católica Silva Henríquez, Ramón Rojas, el número de gimnasios ha aumentado en forma desmedida, pues no hay ningún registro de cuantos cumplen con una buena infraestructura y así brindar un buen trabajo. "Ahora en todas las comunas hay gimnasios, incluso yo he visto que en casas pequeñas habilitan un par de piezas e instalan las máquinas. No hay un mayor control".
Si bien, el nacimiento de muchos gimnasios no es causal directo para que las personas se vuelvan vigoréxicos, es un antecedente que sirve para entender de algún modo el aumento de esta adicción.
Para José Chio "esta enfermedad en Chile está recién empezando y cada día habrá más adeptos, debido a que vamos a estar cada vez más globalizados y los medios de comunicación jugarán un rol importantísimo a la hora de establecer los cánones de belleza", finalizó.